Ideologia
Cada día queda más claro y aparece como más correcta la tesis de Lenin de que es imposible una lucha anti-imperialista y revolucionaria consecuente, sin combatir contra la influencia del oportunismo entre las masas. La forma más engañosa y reaccionaria de oportunismo se encarna hoy en el falso "marxismo" o revisionismo
«HAY QUE PRACTICAR EL MARXISMO Y NO EL REVISIONISMO; UNIRSE Y NO ESCINDIRSE; SER FRANCO Y HONRADO Y NO URDIR INTRIGAS NI MAQUINACIONES". MAO TSE-TUNG
Cada día queda más claro y aparece como más correcta la tesis de Lenin de que es imposible una lucha anti-imperialista y revolucionaria consecuente, sin combatir contra la influencia del oportunismo entre las masas. La forma más engañosa y reaccionaria de oportunismo se encarna hoy en el falso "marxismo" o revisionismo. Al igual que en los tiempos de Lenin, el revisionismo es un problema internacional, con el agravante en nuestra época, que está al servicio de los intereses expansionistas del social-imperialismo ruso. La doctrina Brehznev acerca de la "soberanía limitada" de las naciones, es la expresión más concentrada de esta política expansionista y tuvo su expresión práctica en la brutal invasión militar a Checoslovaquia. A su vez, los dirigentes revisionistas en los países capitalistas, no son ya meros oportunistas, sino, agentes de la burguesía burocrática social-imperialista de Rusia, y de sus planes expansionistas. La línea oportunista burguesa, revisionista del marxismo, es aplicada abiertamente en Latinoamérica y en los países capitalistas de otros continentes, por estos dirigentes de los partidos que se hacen llamar "comunistas", que siguen fielmente las directivas de los sucesores de Jruschov. En la lucha contra el oportunismo, estos dirigentes de los falsos partidos "comunistas", constituyen el enemigo principal. Las luchas anti-imperialistas, por la revolución Democrático Popular, así como por el Socialismo, exigen en forma ineludible desenmascarar, combatir y aplastar a estos oportunistas, para desterrar su influencia del seno de las masas explotadas.
La lucha principal contra el oportunismo se da fuera de los partidos marxista-leninista-maoístas. Ella debe centrarse contra la ideología y la política de los dirigentes de los falsos partidos "comunistas" y, en el plano internacional, contra sus inspiradores y patrones: la camarilla dirigente del social-imperialismo ruso. Sin embargo, es también de suma importancia combatir la influencia e infiltraciones del revisionismo DENTRO de los partidos marxista-leninista-maoístas (m-l-m). Sin combatir contra las influencias e infiltraciones del revisionismo en el interior de los partidos m-l-m, sin destruirla en sus diversas manifestaciones, será imposible construir auténticos partidos comunistas. Es vital en este aspecto tomar en cuenta la tesis del camarada Mao Tse-tung: "No hay construcción sin destrucción. La destrucción significa crítica y repudio, significa revolución. La destrucción quiere decir razonamiento, y razonamiento es construcción La destrucción va primero, y en su curso ya implica la construcción". Es preciso criticar y combatir los variados subterfugios que el revisionismo utiliza, para apartar a los partidos m-l-m del marxismo. De esta lucha emergen los razonamientos y las enseñanzas de cómo debemos construir estos partidos, tanto del punto de vista orgánico, como ideológico y político, para que sean capaces de aplicar correctamente el marxismo-leninismo-maoísmo.
La penetración de la ideología burguesa en el seno de los partidos m-l-m del mundo capitalista, no proviene tan sólo del hecho de que ellos combaten EN el seno de la sociedad burguesa y recibiendo su influencia. Está probado, que los revisionistas contemporáneos —al servicio ahora del social-imperialismo ruso— hacen desenfrenados esfuerzos por infiltrarse en los auténticos partidos comunistas, para tomárselos por dentro y liquidar su carácter y línea proletarias o destruirlos.
Tácticas diversas
Los procedimientos utilizados por los agentes burgueses revisionistas, para combatir desde dentro a los verdaderos partidos comunistas, varían, según las circunstancias y el carácter de dichos partidos. No son iguales en un partido m-l-m que está en el poder, que en otro que no lo está; en un partido m-l-m de un país capitalista avanzado, que en un partido que opera en una colonia o país dependiente; en un país fascista, que en otro en el cual impera una democracia burguesa. No obstante, su política destinada a corromper o destruir los partidos m-l-m tiene, en todas esas circunstancias, rasgos comunes que nos permiten aprender de todas esas experiencias. Sin pretender en absoluto agotar el tema, ni establecer al respecto conclusiones definitivas, trataremos de sistematizar algunas de esas experiencias.
Esta sistematización se refiere básicamente a los procedimientos que los revisionistas aplican en sus esfuerzos por corromper o destruir los partidos m-l-m, de países dependientes del imperialismo como el nuestro y donde el revisionismo es relativamente fuerte.
Las fracciones revisionistas
Cuando se trata de grupos o partidos m-l-m, débiles ideológica política y orgánicamente; nuevos y de poca experiencia, el revisionismo, moviliza a sus agentes infiltrados en ellos, para que, a través de un trabajo fraccional, preparen las condiciones para levantar una línea burguesa en forma abierta y directa. Esta línea burguesa tiene, por lo general, un contenido "ultra-izquierdista": terrorismo, "foquismo", y otras variantes tendientes, todas ellas, a separar a esas organizaciones de las masas. El que promuevan allí en general (no siempre), desviaciones "ultra-izquierdistas", es natural, ya que no es fácil inducir a desviaciones de derecha a quienes, por lo general, se han separado del revisionismo descontentos con su política reformista y conciliadora.
Cuando no consiguen imponer en dichas organizaciones una línea "ultra-izquierdista", los revisionistas, intentan al menos a través del trabajo fraccional, quebrarlas de arriba a abajo. Con ello, reducen a quienes perseveran en el marxismo a fracciones o grupos extremadamente débiles y que, por lo mismo, dejan de constituir momentáneamente un peligro para su política. Esto, sin contar todos aquellos militantes que se desmoralizan ante la división y se marginan de la actividad política.
Si logran arrastrar a las posiciones "ultra-izquierdistas" a la mayor parte de los militantes de esas organizaciones, facilitan al desligarlas de las masas, su rápida destrucción por parte del aparato represivo burgués. Esto es lo que ha ocurrido con la mayor parte de los grupos terroristas y "focos guerrilleros" en América Latina. Para nadie es un misterio, al respecto, que los dirigentes de los falsos partidos "comunistas", han hecho en Latinoamérica un doble e hipócrita juego con los grupos de "ultra-izquierda". De "los dientes para afuera", dicen combatirlos, pero, de hecho, los han apoyado y promovido. Los dirigentes cubanos han jugado un destacado papel como promotores más abiertos de esta maniobra revisionista. Al actuar así los revisionistas obtenían un cuádruple beneficio: a) agrupaban en torno a una línea incorrecta a elementos descontentos con su línea conciliadora; b) impedían los trastornos que ellos podían causarles dentro de los partidos revisionistas; c) los encauzaban en una línea, burguesa de "ultra-izquierda", alejándolos de posiciones marxista-leninista-maoístas correctas; y, d) de paso, posteriormente, aprovechando el fracaso de una línea de lucha armada incorrecta, hacían propaganda contra todo camino armado al poder en general y a favor de su falso "camino pacífico y electoral" al poder.
Los revisionistas han llegado a extremos de tal audacia y maquiavelismo en esta política, que no han trepidado, incluso, en promover fracciones en los propios partidos que ellos controlan. Al constatar la existencia de militantes inquietos y descontentos con su política reformista y conciliadora, los han impulsado, en forma velada, a romper con el partido revisionista. Naturalmente, para constituirse como grupo de "ultra-izquierda" o como falso partido "marxista-leninista-maoísta", convenientemente infiltrados y controlados desde su nacimiento por sus agentes. De esta manera se "depuran" de un problema interno y lo trasladan fuera del partido, manteniendo, sin embargo, su control sobre ese grupo.
Hay serios antecedentes de que han realizado esta maniobra en Argentina, Italia, Francia y otros países. Por lo demás, la proliferación de muchos falsos partidos "marxista-leninista-maoístas", como una manera de confundir a las masas y ocultar al auténtico partido, es tanto una táctica conveniente a !a KGB (servicio secreto de espionaje ruso), como a la CIA (servicio de espionaje yanki) y ambos lo estimulan y promueven.
Los complots revisionistas
En los partidos marxista-leninista-maoístas más consolidados en el terreno ideológico, político y orgánico, los revisionistas, aplican en general un procedimiento diferente a la simple fracción recién descrita. Allí no les da resultado el promover en forma abierta una línea burguesa mal disfrazada de "marxismo". Cada vez que lo intentan, son combatidos con firmeza, el partido se depura rápidamente de los oportunistas y agentes revisionistas infiltrados y sale fortalecido con las experiencias recogidas en esa lucha. En partidos más consolidados se ven obligados a actuar de un modo muchísimo más cauto, sutil y oculto. Deben promover sus deformaciones burguesas, gradualmente, y muy encubiertas en una fraseología "marxista". El trabajo fraccional tienen que hacerlo allí a largo plazo, de un modo más solapado y planificado, es decir, como un COMPLOT secreto, tendiente a TOMARSE "legalmente" el partido por dentro, para imponer más adelante en forma abierta su línea burguesa, desde arriba.
El complot revisionista dentro de los partidos m-l-m, se orienta a montar una "máquina" secreta formada por incondicionales de los cabecillas revisionistas infiltrados. El montaje de esa "máquina", tendiente a apoderarse gradualmente de puestos claves en el partido, sólo puede revestir dicha forma de conjuración o complot secreto. Se trata de desplazar a cuadros honestos y revolucionarios con cuyo apoyo no piensan contar nunca; se trata de "promover" a puestos decisivos a elementos descompuestos, ambiciosos, mercenarios, individualistas, etc., entre los que se cuentan, por cierto, los propios agentes revisionistas infiltrados. Para "promover" a sus incondicionales, para pasar "gatos por liebres", utiliza el elogio mutuo y el auto-bombo, la jactancia, la adulación, el soborno, el engaño, y todos los recursos inmorales de que pueden echar mano. Así mismo, a fin de desplazar a los cuadros honestos apelan a la calumnia, a las intrigas, a la mentira, y, en general, a los recursos más inescrupulosos. Por otra parte, para facilitar el montaje del complot deben practicar el trabajo fraccional, oponerse a la estructura leninista y al centralismo democrático del partido, fomentar la indisciplina y el liberalismo, y violar todas las normas partidarias. Es natural, por lo mismo, que esta criminal labor anti-partido no puedan realizarla abiertamente, ni pretender contar para ella con el apoyo de la generalidad de los militantes y dirigentes revolucionarios que integran el partido. Estos, repudiarían en forma rotunda a quienes así proceden, aún sin conocer sus planes y objetivos futuros. No les queda otra alternativa, por lo tanto, que el complot secreto, para impulsar sus siniestros y reaccionarios planes. La hipocresía y la doblez, su ocultamiento de las bases y de los dirigentes revolucionarios del partido, constituyen la "marca de fábrica" de la actividad de los revisionistas infiltrados en los partidos m-l-m.
El objetivo del complot es, junto con deformar paulatinamente la estructura leninista del partido, COPAR, paso a paso, sus organismos dirigentes por arriba. De esta manera se proponen engañar y oprimir a las bases del partido, para alterar sus decisiones e imponer, como "representantes" de !as bases, a sus incondicionales. De este modo se van preparando en forma hipócrita y solapada, para dar un "golpe de mayoría" en algún Congreso o reunión de importancia, e ir tomando el mando en los organismos superiores de dirección del partido. Piensan así, revestir de "legalidad" partidaria, el fraude que han estado montando en secreto para apoderarse del partido y torcer su línea proletaria, haciendo pasar esta estafa como "decisión" de las bases.
Liquidacionismo en lo orgánico
Las primeras manifestaciones externas del avance de un complot revisionista, suelen ser a menudo, el desarrollo de tendencias orgánicas liquidacionistas en el partido m-l-m. Esto, especialmente, cuando las condiciones políticas de relativa legalidad burguesa lo permiten. Lenin describe el liquidacionismo, como la tendencia a: "liquidar, es decir, disolver, destruir, anular, suprimir, la organización existente del Partido y sustituirla por una asociación informe, mantenida a toda costa dentro del marco de la legalidad, (es decir, de la existencia "pública" legal), aunque para ello hubiera que renunciar de un modo claro y abierto al programa, a la táctica y a las tradiciones, es decir, a la experiencia del partido". "Los liquidadores —agrega— arrastrados por la ola de la deserción burguesa, renegaron de la revolución. Le pusieron una cruz al Partido clandestino, buscando sólo el terreno legal en un régimen de gobierno supuestamente "constitucional". La esencia de su política estaba en el "partido obrero abierto".
A través del liquidacionismo organizativo, los revisionistas, se proponen, en un partido en que no es fácil imponer en forma abierta una línea burguesa, ir creando de hecho las condiciones para hacerlo. De lo que se trata es de REBLANDECER al partido m-l-m en su aspecto orgánico, para anularlo como arma eficaz en la defensa de los intereses independientes del proletariado. En otras palabras, minar de tal modo su estructura leninista, que se vea obligado más adelante a someterse a las presiones conjuntas de la burguesía y de sus agentes revisionistas. Lo que se liquida, pues, es el carácter proletario del partido especialmente en lo orgánico, para poder hacerlo luego más abiertamente en lo político e ideológico.
La estructura celular leninista del partido, la disciplina proletaria, el centralismo democrático y su carácter esencialmente clandestino, no sólo tienden a hacer eficaz y a proteger la labor revolucionaria del partido contra la represión y corrupción burguesa. Al protegerla de la represión burguesa, al permitirle seguir aplicando eficazmente —a pesar de la represión e influencia corruptora de la burguesía— SU POLÍTICA REVOLUCIONARIA, se garantiza la línea INDEPENDIENTE del proletariado, que el partido encarna. Si el partido adopta formas orgánicas semejantes a las de los partidos burgueses, se hace vulnerable también a las presiones represivas y a la labor corruptora de la burguesía y de sus agentes revisionistas. De este modo deja de ser un arma eficaz en la defensa de los intereses. INDEPENDIENTES del proletariado y se coloca a la cola de la burguesía. Aunque tal partido siga existiendo, se liquida su carácter proletario.
La estructura leninista tiende a darle al partido del proletariado, el máximo de eficiencia y protección en su acción revolucionaria y sólidos vínculos con las masas. Un partido m-l-m, es el opuesto de los partidos burgueses: con sus discursos y discusiones académicas, sus caudillos, sus corrientes y tendencias, sus choclones y asambleas, su máquina burocrática, su indisciplina, su militancia indiscriminada y su liberalismo.
¿Qué hacen los revisionistas para reblandecer orgánicamente al partido m-l-m y liquidar su carácter proletario.
Van destruyendo, con cualquier pretexto, su estructura celular, para transformarlo en un partido de asambleas y choclones.
Van destruyendo el centralismo democrático del partido y fomentando la indisciplina, el ultra-democratismo, el caudillismo, el liberalismo y el fraccionalismo.
Van sustituyendo la crítica y la auto-crítica en los organismos regulares del partido, por los ataques, las calumnias e insidias, al margen de los organismos regulares.
Van agudizando las contradicciones, que normalmente surgen en el trabajo revolucionario, transformándolas en antagónicas, en lugar de ayudar a resolverlas en forma correcta, como contradicciones en el seno del pueblo.
Van destruyendo la clandestinidad del partido, para transformarlo en un partido totalmente abierto, de asambleas, locales de partido, contactos paralelos y militantes fichados por completo.
Van fomentando —con el pretexto de crecer rápido— un reclutamiento indiscriminado, desligado de la lucha y de la vigilancia revolucionaria y promueven un desarrollo del partido al margen de su depuración de los oportunistas.
Van fomentando las tendencias burocráticas y mercenarias, y propiciando la construcción de un partido, sobre la base de numerosos funcionarios.
Todas estas tendencias orgánicas anti-leninistas y liquidacionistas, van determinando, no sólo una estructura viciada del partido, sino las características de los militantes que se reclutan para ese partido y que se educan en ese partido.
Un partido así se repletará de militantes: liberales, indisciplinados, sin una ideología firme, egoístas, arribistas, mercenarios, etc. De esta manera, los revisionistas, saboteando la estructura leninista, van impulsando la construcción de un partido permeable al desarrollo de su complot y a la influencia de la línea burguesa que quieren imponer abiertamente más adelante. Un partido así es incapaz de resistir la acción conjunta de la corrupción oportunista, y de la represión burguesa, que se suman, para obligarlo a abandonar su línea revolucionaria. Un partido cuya organización leninista ha sido destruida por el liquidacionismo, si todavía mantiene formalmente una línea revolucionaria, al ser presionado por la represión burguesa se desintegrará. Por otra parte, la "necesidad" de evitar esta desintegración, e impedir el desbande de militantes que carecen de formación revolucionaria, lo usan, oportunamente, los revisionistas infiltrados, como pretexto, para promover en forma abierta el abandono de la línea revolucionaria. El liquidacionismo consolidado en lo orgánico, entonces, se transforma en liquidacionismo abiertamente político e ideológico. Todo ello con el pretexto de obtener que la burguesía no reprima y desbarate de este modo el partido. Así, con su política orgánica liquidacionista, los revisionistas, pretenden primero "atar las manos" al partido, para, luego, obligarlo a rendirse a la burguesía.
Desviaciones políticas revisionistas
Como hemos dicho, en un partido m-l-m relativamente consolidado, no pueden los revisionistas impulsar las desviaciones políticas de un modo abierto, como lo hacen en un partido m-l-m nuevo y con poca experiencia, o en aquéllos que dirigen y controlan. Tienen que enmascarar profundamente su línea burguesa, con .una fraseología "marxista". Esta línea revisionista se caracteriza en esencia en los partidos m-l-m y en países como el nuestro, por negar los aportes políticos del maoísmo, al marxismo-leninismo.
Del mismo modo como los revisionistas en el pasado intentaron "oponer" a Marx y Engels contra Lenin, negando el desarrollo del marxismo hecho por éste en la época del imperialismo, los revisionistas contemporáneos niegan el maoísmo. Tratan de congelar el marxismo en su etapa leninista, tergiversándolo, por supuesto, por completo. Niegan el desarrollo del marxismo-leninismo, para esta época de existencia del social-imperialismo, y en que la contradicción mundial más aguda se da entre el imperialismo y los pueblos que éste oprime y explota. Más aún, no sólo niegan el maoísmo como desarrollo del marxismo, sino que, intentan ahora vanamente descalificarlo y presentarlo como "opuesto" al marxismo-leninismo.
Esta negación del maoísmo les permite impulsar, en especial en países como el nuestro sometidos al imperialismo, tanto desviaciones de "izquierda" como de derecha, disfrazadas de "marxismo" y de "leninismo".
Como en partidos m-l-m relativamente consolidados, no pueden promover desviaciones tan burdas como la "vía pacífica" al poder, como lo hacen en aquellos partidos comandados por ellos, simulan en dichos partidos m-l-m aceptar la línea de que es preciso conquistar el poder por la vía armada. No obstante, para encubrir su contrabando, intentan "oponer" a Lenin contra Mao Tse-tung y rechazan las ideas desarrolladas por este último, acerca de cómo debe ser esa lucha armada por el poder en los países coloniales, semi-coloniales y dependientes.
Fingen apoyar una línea de lucha armada "leninista", promoviendo una línea insurreccional, es decir, la conquista del poder a través de una guerra civil rápida, que se resuelve básicamente en las grandes ciudades y en que el campesinado juega un papel secundario. En suma, con criterio dogmático, pretenden que se copie en países como el nuestro, el modelo de revolución, por cierto deformado por ellos, con que Lenin y los bolcheviques conquistaron el poder en Rusia a comienzos de siglo.
Estrategia "izquierdista" y táctica derechista
Este modelo leninista de conquista armada del poder —como lo señala el camarada Mao Tse-tung— "consiste en educar a los obreros y acumular fuerzas a través de un largo período de lucha legal, y prepararse así para el derrocamiento final del capitalismo. Allí, agrega, es cuestión de emprender una larga lucha legal, utilizar la tribuna del parlamento, recurrir a huelgas económicas y políticas, organizar sindicatos y educar a los obreros. Allí las formas de organización son legales, y las formas de lucha, incruentas (no de guerra)... La guerra que quieren emprender dichos partidos no es más que la guerra civil para la cual se están preparando. Pero este levantamiento y esta guerra no deben lanzarse sino cuando la burguesía se halle reducida a la impotencia real, cuando la mayoría del proletariado esté decidida a emprender el levantamiento armado y la guerra civil, y cuando las masas campesinas estén dispuestas a ayudar voluntariamente al proletariado. Además, llegado el momento de iniciar dichos levantamientos y guerra, el primer paso será ocupar las ciudades y después avanzar sobre el campo y no al revés". En suma, los revisionistas al plantear la insurrección, vuelven la espalda al hecho de que en los países coloniales, semi-coloniales y dependientes del imperialismo, la forma fundamental de lucha y acumulación de fuerzas será la Guerra Popular prolongada y al papel relevante que el campesinado, y el campo como escenario, jugarán en ella.
De esta manera —escudándose tras un falso leninismo— al plantear los revisionistas en el seno de los partidos m-l-m, una guerra civil, una insurrección de solución rápida; al negar el papel vital que jugará el campesinado en estos países en la lucha por el poder; al oponerse a la guerra popular prolongada, trazan una perspectiva estratégica "izquierdista". De hecho, aunque no lo digan expresamente, están negando de este mogo el carácter Democrático Popular de la revolución y planteando —al igual que los trotskistas— en forma inmediata la etapa socialista de la revolución.
Lo más grave es, sin embargo, que, deformando el leninismo y usándolo de pantalla para plantear una estrategia "izquierdista" respecto a países sometidos al imperialismo, promueven, al mismo tiempo, una táctica, un estilo de acumulación de fuerzas, liquidacionista y abiertamente derechista. Al liquidacionismo en la construcción orgánica del partido, que ya hemos descrito, agregan de hecho toda una política oportunista y también liquidacionista en la acumulación de fuerzas. Una política, totalmente reñida con lo que plantea el propio Lenin como indispensable para obtener éxito en la insurrección armada. En efecto, impulsan a los partidos a centrarse en la lucha economista; a despreciar al campesinado y sus luchas; a competir con los otros partidos burgueses, básicamente, en torneos sindicales y electorales; a practicar una política liberal totalmente opuesta a la clandestinidad; a "desarrollar" un frente único sobre la base exclusiva de concesiones y sin lucha; a rivalizar con los partidos burgueses en votos, funcionarios, locales de partido, propaganda estilo comercia!, etc. En suma, impulsan a los partidos m-l-m al seguidismo ante la política burguesa. Esta es, claro está, la manera más segura de garantizar el más completo fracaso, desde el lado de la táctica, de la aventura insurreccional, que plantean como objetivo estratégico.
Guerra popular o insurrección
La necesidad de emprender el camino de la guerra popular prolongada —señalado por el camarada Mao— en países como el nuestro, no es por capricho. Es un camino impuesto por las condiciones objetivas existentes en estos países —coloniales, semi-coloniales y dependientes— y en las cuales se da la lucha por el poder. No se trata, tampoco, de "prolongar" artificialmente la guerra popular. Se trata de no perder de vista que, dadas las condiciones en que ella se realiza y el poderío del enemigo, para tener éxito, será necesariamente prolongada. Se trata de comprender, que sólo al adversario y a sus agentes revisionistas les conviene que caigamos en la ilusión de que podemos derrotarlo fácil y rápidamente, en dos o tres batallas "decisivas".
La dominación del imperialismo es un hecho fundamental en la necesidad de utilizar el camino de la guerra popular prolongada. Esta dominación imperialista determina que la conquista del poder no se resuelva exclusivamente a través de una guerra civil o insurrección. El avance de las fuerzas revolucionarias deberá enfrentar al imperialismo en una guerra de carácter nacional y de liberación. Por otra parte, el poderío del imperialismo (en especial del imperialismo yanki) en el plano internacional y en el interior de estos países; la debilidad de su desarrollo económico dependiente del imperialismo; así como la complicidad con el imperialismo yanki de los gobiernos reaccionarios de estos países sometidos a su dominación, determinan que la lucha armada por conquistar el poder, sea prolongada. Ese mismo atraso económico y poderío del imperialismo y de los sectores monopolistas internos, determina la necesidad de derrotar en primer lugar a los enemigos fundamentales, realizando, en una primera etapa, una Revolución Democrático-Popular, que abrirá paso al Socialismo. El pensar en la conquista del poder a través de una guerra civil o insurrección breve, es partir del absurdo de creer que el imperialismo yanki tolerará pacíficamente la pérdida de sus intereses económicos, políticos y militares, en países sometidos a su dominación. El pensar, por otra parte, en una acumulación de fuerzas aprovechando sólo y fundamentalmente las libertades democráticas, es no darse cuenta que, en estos países, el imperialismo las borra de una plumada no bien dejen de convenir a sus intereses. El que en Chile hayan tenido vigencia ciertas libertades democráticas burguesas (en comparación con otros países), es consecuencia, principalmente, de la garantía que los partidos revisionistas le ofrecían al imperialismo, como un freno a la lucha revolucionaria del pueblo. No bien las masas se sacudan de esa influencia y se comience a agudizar la lucha de clases, e! imperialismo yanki y los sectores internos más reaccionarios, barrerán con las precarias libertades existentes e implantarán el fascismo. Más aún, cuando el régimen fascista no sea ya suficiente para frenar !a lucha revolucionaria popular, el imperialismo intervendrá militarmente en defensa de sus intereses. Ilusionar, pues, al pueblo con la posibilidad de un triunfo rápido, tras una acumulación legal de fuerzas, no es más que un engaño revisionista, tanto o más dañino que la mentira de una "vía pacífica" al poder. Como es natural, al imperialismo yanki, sólo le conviene intervenir militarmente, como último recurso. Por lo general, no necesita hacerlo ni para enfrentar intentos insurreccionales, ni "focos guerrilleros" desligados de las masas. Para aplastarlos le basta, comúnmente, con asesorar y apoyar las fuerzas armadas burguesas represivas de cada país. El imperialismo se prepara para hacer frente al verdadero peligro: al desarrollo de una guerra popular en estos países, semejante a la que lo ha hecho morder el polvo de la derrota en Vietnam.
Tanto la falsa "vía pacífica" al poder, como el camino insurreccional (unido a una táctica liquidacionista de acumulación de fuerzas) o el "foquismo", que promueven los revisionistas, sólo producen en estos países la alternancia del fascismo con la democracia burguesa, de la represión y el engaño, del látigo o el dulce, sin conducir jamás a una real conquista del poder por el pueblo. Sólo la guerra popular permite enfrentar y derrotar al imperialismo y a los reaccionarios, realizar la Revolución Democrático-Popular y avanzar así al Socialismo.
Cuando los partidos m-l-m, están actuando en un país donde impera la represión fascista, los revisionistas infiltrados en ellos, tampoco contribuyen a que la política de dichos partidos se centre en el desarrollo de la guerra popular, sino, en una "lucha" —a la cola de la burguesía— "por recuperar las libertades democráticas". Como es natural, en tales condiciones, la obtención de "libertades democráticas", que no son impuestas esencialmente a través de la lucha armada popular, sólo pueden lograrse a través de compromisos o concesiones a la burguesía.
Cabe decir, por último, que aplicar las enseñanzas del maoísmo a través de la guerra popular, aquí no significa, en modo alguno, plantear que dicha guerra revestirá en nuestros países la misma forma que en China. Nada sería más contrario al maoísmo, que es profundamente anti-dogmático, y que es materialista y dialéctico, que una copia rígida y mecánica en otros países de la experiencia de la revolución china. El camino de la guerra popular en Chile, por ejemplo, deberá tomar muy en cuenta particularidades que existen en nuestro país y que no existían en China, así como rasgos similares (pero no idénticos), entre ambos países. Deberá considerar nuestro desarrollo industrial comparativamente más avanzado; la existencia de un proletariado proporcionalmente mucho más numeroso; el predominio de la población urbana por sobre la rural y otros muchos factores, que hay que tomar en cuenta para determinar cuáles serán las leyes de la guerra popular revolucionaria en Chile, como lo exige el análisis maoísta. Considerando todos estos y otros factores, es necesario sin embargo, refutar firmemente la falsa estrategia y tácticas con que los revisionistas pretenden apartar a nuestro pueblo, del justo camino de la guerra popular por el poder.
Junto con establecer en forma correcta el carácter de la revolución y el camino fundamental de la guerra popular prolongada, hay que precisar cómo debe realizarse el proceso de acumulación de fuerzas para avanzar hacia ella, iniciarla y desarrollarla. El rechazo a los métodos oportunistas y liquidacionistas, que pretenden promover los revisionistas infiltrados en los partidos m-l-m al respecto, no significa, de ningún modo, que en determinadas circunstancias en Chile, no se utilicen los sindicatos, las huelgas económicas y políticas, ciertas elecciones, así como el aprovechamiento de las libertades democrático-burguesas o las leyes burguesas, al servicio, eso sí, de la preparación, iniciación y desarrollo posterior de la guerra popular. Todo ello debe hacerse, por cierto, manteniendo firmemente el carácter leninista del partido y combatiendo las formas orgánicas y políticas del liquidacionismo revisionista.
Desviaciones ideológicas Como es natural, todo el contrabando político que intentan introducir los revisionistas en los partidos m-l-m, los obliga a deformar por completo también la ideología marxista. Operan sobre la base del idealismo y de la metafísica, con toda su secuela de subjetivismo, unilateralidad, dogmatismo .y revisionismo. Por de pronto, encaran, con dicho criterio anti-materialista y anti-dialéctico, el propio marxismo. Levantan, con el pretexto de ser "anti-dogmáticos" y de proceder con un criterio "marxista creador", el más podrido y anticuado revisionismo: las teorías de Kautski y de Bernstein, acerca de la "vía pacífica", "electoral" y reformista al poder, en los partidos que dirigen abiertamente. Acusan, al mismo tiempo, de "dogmatismo" a quienes defienden la esencia revolucionaria del marxismo-leninismo. En los partidos m-l-m, como hemos visto, donde no pueden imponer tan burdas deformaciones del marxismo, encaran el marxismo en forma anti-dialéctica y pretenden congelarlo en su etapa leninista, negando el maoísmo. Para ello, deben difundir la metafísica y el idealismo ocultando la realidad: la existencia del social-imperialismo ruso; de la contradicción principal de nuestra época entre el imperialismo y los países oprimidos y explotados por él, y otras particularidades, que justificaron el desarrollo del marxismo-leninismo a su etapa maoísta.
Por otra parte, el montaje mismo del complot secreto dentro del partido m-l-m, los obliga a proceder aplicando y difundiendo principios anti-materialistas y anti-dialécticos. Se oponen a la teoría materialista del conocimiento, para sabotear la línea de masas y el centralismo democrático en el montaje del complot; para sembrar calumnias e intrigas, agudizar las contradicciones en lugar de resolverlas correctamente; promover a elementos incondicionales y descompuestos y fomentar toda su línea liquidacionista del partido. Deben proceder así, porque, una correcta ideología materialista y dialéctica, pondría en evidencia más rápidamente sus intrigas, calumnias y mentiras y en general los métodos torcidos que utilizan para su labor anti-partido.
La moral revolucionaria
Entre las desviaciones ideológicas promovidas por los revisionistas, tanto en los partidos m-l-m como en los que ellos controlan, está su oposición a la sistematización y desarrollo hecho por el camarada Mao, en el terreno de los principios, de la moral revolucionaria. Si bien, antes del maoísmo, existían una serie de principios morales que caracterizaban la actividad de los comunistas, tales como: el valor, el espíritu de sacrificio, la iniciativa, el espíritu científico para abordar los problemas, y otros, ellos no habían sido sistematizados en forma coherente y racional. Sobre todo, dichos principios morales y el concepto mismo de la revolución, no habían sido claramente centrados en torno al principio clave de: SERVIR DE TODO CORAZON AL PUEBLO. A menudo, todas esas virtudes revolucionarias, se inspiraban más en la disciplina de partido y en la fidelidad al partido, que en el claro propósito de "servir de todo corazón al pueblo". Con ello resultaba, frecuentemente, que dichas virtudes redundaban más en una técnica eficiente de cómo conquistar el poder, que en una clara conciencia de para qué se conquistaría el poder. Este insuficiente desarrollo y falta de centralización de la moral revolucionaria en torno al propósito de "servir de todo corazón al pueblo", ha sido una de las causas importantes del predominio de una corriente revisionista en una serie de países donde el proletariado había conquistado el poder, dirigido por partidos comunistas. Más aún, incluso antes de conquistar el poder, la idea que el principio supremo es "servir al partido" y no, por encima de todo, "servir al pueblo", ha generado tendencias sectarias, que han desligado a los comunistas de las masas, perjudicando su labor revolucionaria y la perspectiva de la revolución.
La verdad dialéctica de que para transformar en profundidad y de un modo revolucionario la sociedad, quienes participan en ese proceso, y, sobre todo, los que lo dirigen, deben transformarse a sí mismos, es clave para el éxito de la revolución y, muy especialmente, para su porvenir en marcha hacia el socialismo y comunismo. El camarada Mao, desde los comienzos del proceso revolucionario en China, concedió un destacado papel a la moral revolucionaria y, particularmente, como centro de ella, al principio de servir de todo corazón al pueblo.
En la actualidad este problema de la moral revolucionaria ha adquirido aún mayor relevancia. El retroceso hacia el capitalismo y en el caso de la Unión Soviética hacia el social-imperialismo, de países donde el proletariado había conquistado el poder, tiene una relación directa con problemas concernientes a la moral revolucionaria. Si el proletariado y su partido de vanguardia a la cabeza, al conquistar el poder político y económico, al transformar la sociedad capitalista, no se transforman a sí mismos y contribuyen a la transformación del pueblo en general, se retornará inevitablemente al capitalismo. La lucha por la transformación ideológica y moral de los hombres que integran la sociedad socialista, una vez conquistado el poder, se plantea como una contradicción decisiva por resolver. Sin combatir, el egoísmo, el individualismo (tanto el individualismo personal como el "individualismo" como nación o chovinismo), el espíritu mercenario de lucro, el burocratismo, etc., se genera, inevitablemente, una contra-corriente que lleva de retorno al capitalismo. De hecho esta contra-corriente se ha adueñado del poder en varios países donde el proletariado lo había conquistado de manos de la burguesía. En ellos, un capitalismo burocrático de estado y en la URSS el social-imperialismo, han sustituido al socialismo. En esos países, los medios de producción fundamentales están en manos del Estado, pero, el Estado está en manos de una nueva burguesía burocrática, que lejos de servir de todo corazón al pueblo, explota y oprime al pueblo.
Esta división que se ha producido en lo que constituía antes el campo socialista y en el antiguo Movimiento Comunista Internacional, determina en la actualidad la existencia de condiciones diferentes para la lucha revolucionaria de los pueblos del mundo. No se trata, tan sólo de la consolidación y promoción abierta de una línea revisionista mundial, impulsada principalmente por los revisionistas soviéticos y combatida, firmemente, por los marxista-leninista-maoístas. Se trata de la existencia actual de un falso "socialismo" y de un auténtico socialismo. Esta existencia de un falso y un verdadero socialismo, no sólo concierne a los países donde ocurren estos hechos, sino que, tiene una influencia decisiva también en la lucha antiimperialista, por la Democracia Popular y el Socialismo, en los países capitalistas. Los modelos de un falso socialismo, como el de las naciones de Europa Oriental y la URSS; y de un auténtico socialismo, como el que se construye en China y Albania, no son indiferentes a la lucha de los pueblos del mundo contra la explotación y opresión. Es natural, que las masas explotadas, no deseen combatir por liquidar a la burguesía, conquistar el poder y terminar con el capitalismo tradicional, para pasar a una nueva forma de capitalismo. Para ser explotadas y oprimidas por una nueva burguesía burocrática, que maneja en su beneficio el poder y las empresas estatizadas. Es legítimo, que el proletariado y el pueblo, en el propio mundo capitalista, exijan HOY, a los partidos comunistas que dirigen su lucha por el poder, una clara definición sobre el verdadero y falso socialismo. Es natural y justificado, que exijan desde ya —antes de conquistar el poder— una NUEVA MORAL de parte de los partidos a quienes confiarán la dirección de esa lucha por el poder. No es suficiente para las masas, que dichos partidos les ofrezcan solamente una ciencia y una técnica de cómo conquistar el poder y exigir también una moral revolucionaria que garantice que ese poder estará realmente al servicio del pueblo y bajo su control. Es decir reclaman un partido compuesto por militantes capaces de combatir, desde ya el individualismo, el egoísmo, el burocratismo, el espíritu mercenario y, en general, de transformarse a sí mismos al calor de la lucha revolucionaria, en aras de servir desinteresadamente al pueblo. Es legítimo, además, que reclamen de su partido de vanguardia, una estrecha unidad con quienes están avanzando correctamente por la senda del socialismo hacia el comunismo y una lucha consecuente contra quienes regentan un "socialismo" de nombre e imponen en los hechos un capitalismo de estado.
La propia situación internacional, por consiguiente, ha puesto en primer plano los aportes hechos por el maoísmo a la sistematización de la moral revolucionaria. El reconocer y aceptar dichos aportes o el negarlos, constituye también una línea divisoria entre los marxista-leninista-maoístas y los revisionistas contemporáneos. Los complotadores revisionistas en el interior de los partidos m-l-m, vulneran brutalmente todos los principios de la moral revolucionaria y fomentan la corrupción para montar su "máquina" de incondicionales. Este es un aspecto más a través del cual se les puede detectar, desenmascarar oportunamente y combatir.
El Marxismo-Leninismo-Maoísmo
No cabe duda que los revisionistas, aunque cuenten ahora con todo el aparato estatal de los países que controlan, serán derrotados. Para acelerar su derrota es de gran importancia que los auténticos partidos comunistas, sistematicen e intercambien sus experiencias de lucha contra el revisionismo, en general, y contra las fracciones y complots revisionistas en sus propias filas. Más aún, es, de suma importancia seguir sistematizando qué es el revisionismo, en sus aspectos ideológicos, políticos y orgánicos, y buscar a fondo sus orígenes y raíces históricas.
Esta sistematización no sólo es importante para destruir totalmente el revisionismo, sino, para clarificar las propias leyes de la construcción de los verdaderos partidos comunistas en nuestra época. "No hay construcción sin destrucción", ha señalado al respecto el camarada Mao Tse-tung.
Más aún, el sistematizar —en el curso de la lucha contra el revisionismo— en qué consiste éste y sus orígenes históricos, así como las leyes de construcción de los partidos comunistas, en nuestra época es vital para avanzar en los principios ideológicos políticos y orgánicos, que servirán de base para avanzar en la UNIFICACION del nuevo Movimiento Comunista Internacional. La aceptación del maoísmo, como tercera etapa del marxismo, y su aplicación consecuente a la lucha revolucionaria, constituirá, sin duda, un punto central para trazar la línea divisoria entre los marxistas auténticos y los revisionistas contemporáneos, así como para la unificación profunda de los comunistas en el plano internacional, en nuestra época.
Lo anterior aproximará la victoria sobre el revisionismo y sobre todos los reaccionarios. Ellos fracasarán inevitablemente. '"Provocar disturbios, fracasar, volver a provocar disturbios, fracasar de nuevo, y así hasta la ruina: esta es la lógica de los imperialistas y de todos los reaccionarios del mundo frente a la causa del pueblo, —señala el camarada Mao— y nunca marcharán en contra de esta lógica"... y agrega luego: "Luchar, fracasar, volver a luchar, fracasar de nuevo, volver otra vez a luchar, y así hasta la victoria: esta es la lógica del pueblo y él tampoco marchará jamás en contra de ella. Esta es otra ley marxista".
Por más viles, reaccionarias y arteras que sean las maniobras de los revisionistas contemporáneos para servir a la burguesía primero, y para transformarse ellos mismos luego en burguesía explotadora, fracasarán rotundamente. Fracasarán en su labor abierta como oportunistas y agentes de la burguesía en los países capitalistas, en su papel de burguesía burocrática y de social-imperialistas, en los falsos países "socialistas" que controlan; así como complotando infiltrados en los verdaderos partidos comunistas. La lucha conciente y resuelta de los marxista-leninista-maoístas en su contra, será un factor decisivo en su derrota completa. Se debe tener plena confianza estratégica en el éxito de esta lucha y, al mismo tiempo, tomarlos muy en serio tácticamente.
¡DERROTEMOS EN TODOS LOS PLANOS AL REVISIONISMO CONTEMPORÁNEO!
¡EL MARXISMO-LENINISMO-MAOÍSMO ES INVENCIBLE!
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Edición Digital preparada por: Archivo Revolucionario Comunista. Junio 2005. Chile. Fuente: Folleto de “Ediciones ML (Marxista-Leninista). Santiago-Chile 1972" Digitalizado y corregido por: D. E. P.
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